Romper el silencio

2021 05 06

Hubo tiempos mejores… Y peores, sin duda. Ahora me encuentro quizás en el momento de más silencio en mi vida. No en paz, porque nacimos en guerra y es difícil dejar atrás algo que se lleva desde la placenta.

Se acaba de terminar la tercera lavadora de la tarde. He corrido despacio, desde el portal de mi casa en Santovenia hasta el barrio de la Rondilla en Valladolid. Me duele el cuerpo y el alma reposa tranquila con el sonido de fondo de las ventanas abiertas de mi apartamento. Un campo envenenado por transeúntes que gritan a sus perros me hace poner un centrifugado para no escuchar sus gritos.

Hoy he visto una mariposa amarilla y marrón mientras me ponía la camiseta de vuelta a la urbe. El sol me ha achicharrado el pecho y me ha encantado sentirme coloreado. Hacía tiempo que necesitaba vitamina, aunque vaya ya por el segundo paquete de tabaco…

Tengo demasiados libros con marca páginas, propios y ajenos, la biblioteca da mucho de sí y es muy económica. Hablando de economía. Tengo un plan, después de la investigación concienzuda de algún abnegado funcionario que lo ha dejado todo para joder a un proletario todos sus ahorros y eternizar una sonrisa a medias, una eternidad más…

Voy a colgar la ropa… Ya.

Lo dicho, que tengo un plan. Aunque este mes tenga que pagar el seguro del coche y el impuesto de aguas, creo que me salen las cuentas. Me cambié de compañía de teléfono, hago compra mensual (o lo intento), llevo un excel con los gastos desde diciembre del año pasado, me he puesto tope para el tabaco, comparto coche turnando cada tres semanas… Yo creo que para el año que viene, por estas fechas, se irá notando el cambio.

Voy a interrumpir el silencio con un poco de Radio 3, me relaja, me inspira, me acompaña. Pero muy bajito, también me distrae. Necesito más agua, el footing me ha deshidratado – el tabaco lo acrecienta. Bebo mucha agua, más de tres o cuatro litros al día, quizás es lo que me salva. También tomo mucha leche, me cuesta encontrar la taza adecuada.

Son cerca de las nueve de la tarde y mañana madrugo. He cogido el libro que me acompaña estos días. Ortega y Gasset es ameno, Bertrand Russell es divertido y la novela gráfica de Patria es triste. Necesito amenizar mis sueños. Lo leo con lapicera, subrayo y dejo que mi lectura comprensiva se calme para escribir algo poco coherente, dentro de un tiempo, cuando lo acabe.

A Russell lo analizaré antes, ya casi he acabado su conquista de la felicidad. Me influenciará, sin duda, el modo de ver la filosofía de Ortega en sus conferencias sobre su significado.

Me ha sentado bien la carrera, hacía muy bueno, mañana es viernes y mi mente pide patio del pueblo desde que se esfumaron los nubarrones de abril. Sin internet, con poco cobertura, con los sonidos de la naturaleza como acompañamiento y algún texto a mayores de los citados.

Quizás invite a alguien, quizás; para romper tanto silencio. Aunque se está bien así. La guerra en silencio, en mi trinchera, parece menos guerra, al evitar el campo de batalla lo más posible…

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